
Con la inteligencia artificial transformando industrias enteras y la digitalización cada vez más integrada en el funcionamiento de las empresas, Heidy Bauer analiza los desafíos que enfrentan hoy las organizaciones argentinas, el valor estratégico del talento local y el tipo de liderazgo que exige un contexto en constante cambio.
En 2026, la tecnología ya no se vincula únicamente con la innovación, sino también con la competitividad, la resiliencia y la capacidad de adaptación. El mundo empresarial se encuentra atravesado por la aceleración digital, la automatización y el avance de la inteligencia artificial (IA), por lo que las compañías se enfrentan al desafío de evolucionar sin perder estabilidad ni visión estratégica.
Desde su rol como gerenta general de SONDA Argentina, Heidy Bauer observa de cerca cómo las organizaciones de la región intentan traducir el potencial tecnológico en resultados concretos. Con una trayectoria marcada por décadas dentro de la industria IT, Bauer sostiene que el verdadero diferencial ya no está solamente en incorporar herramientas digitales, sino en construir culturas capaces de transformarse de manera constante.
En esta conversación, la gerenta general de SONDA Argentina reflexiona sobre el impacto real de la IA en las empresas, el futuro del talento tecnológico argentino y el rol que puede ocupar el país dentro del mapa regional de servicios digitales.

Pasaste por EDS durante largos años y hoy conducís SONDA Argentina. ¿Qué cambió en la industria de servicios tecnológicos a lo largo de ese recorrido y qué sorprendentemente permanece igual?
Incontables cambios, pero también cosas que siguen igual. Surgió la nube, automatización, analítica de datos, la tecnología con un rol cada vez más protagónico en el ámbito de los negocios y, ni qué hablar, el más reciente y en boga despegue de la IA. Cambios tecnológicos enormes, que demandan, como siempre ocurrió en esta industria, una gran capacidad de adaptación de parte de los profesionales de IT. Y justamente eso es lo que permanece: la necesidad de adaptarse continuamente a la vorágine de los cambios.
En la relación entre clientes y proveedores de servicios también hubo una transformación importante. Al convertirse la tecnología en un pilar del negocio, las empresas de IT tuvimos que sumar no solo conocimiento tecnológico, sino también una comprensión mucho más profunda de los desafíos propios de cada industria. Hoy el diálogo ya no empieza desde la tecnología, sino desde el desafío del retail, la banca o la minería, por ejemplo, y desde ahí pensar cuál es la solución más adecuada, sin establecer paradigmas ni preconceptos de antemano, con la guía y presencia de la “innovación” en cada decisión. Lo que sí permanece es la necesidad de confiar en los proveedores de servicios: responder con velocidad, empatía, cumplir y tener la capacidad de involucrarse más allá.

SONDA acompaña a empresas en sus procesos de transformación digital. ¿Cuál es el diagnóstico real acerca de dónde están paradas las organizaciones argentinas en ese proceso?
La transformación digital ya bien sabemos que hoy no es una promesa futura: es una condición para competir; pero también corresponde decir que, si bien transformarse es una palabra de amplio alcance, no es una condición moderna, sino algo que siempre ha existido, aunque tal vez no con tanto ímpetu “digital”. En SONDA acompañamos a las organizaciones de América Latina desde hace cinco décadas en ese desafío, ayudándolas a evolucionar en entornos cada vez más complejos, regulados y exigentes, siendo bien conscientes de que transformar digitalmente no es solo incorporar tecnología, sino hacer más resiliente y sostenible el negocio sin poner en riesgo la continuidad operativa. El enfoque es integral y responsable, modernizamos plataformas, digitalizamos procesos clave e incorporamos automatización, analítica y últimamente inteligencia artificial de forma progresiva, segura y gobernada.
El diagnóstico en la Argentina no es muy diferente a lo que vemos que sucede en el resto de los países de Latinoamérica donde SONDA tiene presencia. La situación es heterogénea: hay algunas industrias con mayor nivel de avance en automatización, uso inteligente de los datos y pruebas de concepto con IA. No obstante, varias aún enfrentan el desafío de innumerables sistemas aislados, procesos manuales y barreras culturales que terminan siendo un verdadero stopper para la transformación.
¿Cuál es el error más común que cometen las empresas argentinas cuando deciden adoptar IA, y qué deberían hacer distinto?
Debemos partir diciendo que usar IA dista mucho de ser lo mismo que transformar con IA una empresa. El ejemplo sencillo es que responder correos con IA no es adoptar y sacar el máximo provecho de la IA. Un error habitual podría ser considerar que esto se trata de un proyecto de tecnología, todo lo contrario, y aquí comparto totalmente el principio de Boston Consulting Group, que señala que 70 por ciento es invertir en las personas y en los procesos en tanto que el remanente queda en la tecnología y ciertos algoritmos específicos por desarrollar. Esta realidad condice también con lo que señala el último reporte de EY del 2025 donde el 80 por ciento de las empresas se encuentra en etapa de POC, el 19 por ciento tiene pilotos con alcance limitado y reducido a pocas áreas de negocio y solo el 1 por ciento se encuentra en etapa estable al haber ejecutado procesos de negocio transversales a toda la organización. Esto podría ser considerado un error si simplemente nos dedicamos a automatizar lo que está sin un análisis consciente y sin el objetivo de que se integre con la visión clara del negocio.

La IA está redefiniendo qué perfiles tecnológicos se necesitan. ¿Cómo cambia eso la manera en que SONDA forma y busca talento internamente?
La clave está en entender que la IA no solo ejecuta: sugiere, orienta, propone. Incluso en las entrevistas nos ayuda a detectar inconsistencias o a adaptar las preguntas al perfil del candidato. Esa capacidad de ajustar el proceso según la necesidad concreta convierte a la tecnología en un instrumento de personalización masiva. La IA está revolucionando cada actividad diaria que realizamos. La formación, que va más allá de lo técnico, se encuentra en ajustar la manera en que trabajamos y modificar hábitos que lleven a los equipos a ajustar la forma de abordar cualquier iniciativa, pasando de un modelo ciento por ciento humano a uno asistido con nuestro nuevo colaborador, que es la IA. La conjunción colaborador+IA es tremendamente valiosa para agilizar decisiones y acciones fundadas en información y datos concretos.
¿Tiene la Argentina condiciones reales para consolidarse como un polo de servicios tecnológicos en la región o esa conversación sigue siendo más aspiracional que concreta?
Hay ejemplos concretos de empresas argentinas que han demostrado que no es aspiracional pensar en grande. El talento existe sin duda, la Argentina cuenta con una fuerte formación técnica y universitaria; un buen nivel de inglés en profesionales, huso horario favorable en comparación con otras regiones y en consecuencia expertos en tecnología, que hacen que nuestro país destaque junto a otros de LATAM. Como contrapeso, esta capacidad favorable de trabajar para otras regiones ya sea de manera remota o emigrando, que beneficia a los individuos, puede ralentizar el desarrollo de capacidades a escala local. El sector tecnológico podría convertirse en fuente de exportación, donde muy probablemente el diferencial no esté dado por la cantidad, sino por la calidad y especialización del talento.

¿Qué te enseñó el contexto argentino sobre liderazgo que no te hubiera enseñado ningún otro mercado?
El contexto argentino me enseñó que liderar es dar dirección cuando el entorno tiene incertidumbres y cambios de último momento, en una proporción más allá de lo habitual. En un país donde las reglas se ajustan con frecuencia y pensar en el largo plazo tiene importante riesgo de desacierto, el liderazgo deja de apoyarse en planes rígidos y pasa más bien a apoyarse en el criterio y la coherencia, pero también deja relucir una enseñanza valiosa sobre las personas: ante los desafíos, el talento argentino desarrolla una gran creatividad y capacidad para atender problemas, los equipos aprenden de los desafíos, del valor de la colaboración y logran superar límites.
¿Cuál es la decisión más importante que la Argentina tiene que tomar en los próximos cinco años para crecer de manera sostenida?
Es difícil indicar una medida puntual, puesto que se trata de algo tan simple como complejo: mantener reglas que permitan un entorno de estabilidad en el mediano y largo plazo. El país tiene el talento y los recursos para crear condiciones de crecimiento, necesitamos un entorno que acompañe.