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Entrevista exclusiva

JUAN SANTIAGO

CEO y Founder - Santex
"Liderazgo e innovación en la era de la IA "
JUAN SANTIAGO
CEO y Founder - Santex

En plena transformación impulsada por la inteligencia artificial, Santex se consolida como una compañía argentina con impacto global. En esta entrevista, Juan Santiago, Founder & CEO, analiza el futuro del trabajo, los desafíos de la IA y el potencial de la Argentina como hub tecnológico regional.

La tecnología dejó de estar asociada a la innovación. Hoy también atraviesa debates sobre competitividad, talento, sostenibilidad y visión de futuro. Desde hace más de 26 años, Santex desarrolla soluciones tecnológicas desde la Argentina para el mundo, en un contexto donde la velocidad de transformación digital supera cualquier referencia conocida hasta ahora.

Juan Santiago, Founder & CEO de la compañía, analiza cómo la inteligencia artificial (IA) está modificando las reglas del juego global, por qué América Latina todavía enfrenta un desafío de captura de valor y qué necesitan las organizaciones para dejar atrás el “marketing tecnológico” y generar cambios reales. Además, comparte la mirada de Santex sobre liderazgo, triple impacto, talento y el potencial de la Argentina para consolidarse como un actor estratégico en la economía del conocimiento.

Santex lleva más de 26 años exportando tecnología de la Argentina al mundo. ¿Qué cambió radicalmente en ese negocio desde que empezaste, y qué sorprendentemente sigue igual?

Cambió la velocidad. Cuando arrancamos Santex en 1999, en San Diego, un proyecto de desarrollo tecnológico se medía en años. Hoy, si tu propuesta no muestra impacto en el primer trimestre, ya perdiste. La IA generativa alcanzó el 53 por ciento de adopción poblacional global en apenas tres años, mientras que la PC tardó 16 años en alcanzar al 50 por ciento de la población y el Internet necesitó siete años. La inversión corporativa en IA en 2025 superó los 580.000 millones de dólares (Stanford AI Index 2026). Las consultoras tradicionales siguen vendiendo roadmaps de 18 a 24 meses que nacen obsoletos: cuando los terminan, el mercado ya se movió dos o tres veces. Lo que sigue sorprendentemente igual son dos cosas. Primero, que muchas empresas siguen considerando la tecnología como un gasto operativo –un mal necesario– y no como una inversión estratégica del core business. Esa miopía impide que la tecnología transforme realmente la propuesta de valor. Segundo, persiste esa visión de la tecnología de forma aislada, como si fuera una solución única o mágica. La realidad es que la IA es un amplificador de lo que sucede en el interior de la organización: si la empresa está desalineada, la IA amplifica esa desalineación más rápido, generando ruido y problemas; si está alineada, amplifica su impacto. Esa ecuación humana no cambió en 26 años y no va a cambiar. Como humanos debemos hacernos cargo de la responsabilidad y las aspiraciones, porque la tecnología no las tiene ni las va a tener.

Tu postura es clara: la Argentina no tiene un problema de talento, tiene un problema de captura de valor. ¿Qué significa eso en concreto y qué debería cambiar para que el país pase de exportar horas a exportar soluciones?

Significa que somos de las mejores fábricas de talento del mundo… para que otros resuelvan sus problemas. Formamos gente extraordinaria que trabaja remoto para compañías de San Francisco o Berlín, y el valor se crea afuera para que nosotros después lo compremos caro y lo importemos hecho. Exportamos horas. 

¿Qué tiene que cambiar? 

Muchas cosas, pero lo primero es el mindset. Pensar a largo plazo. Te doy un ejemplo con un proyecto reciente de Santex: LegalIA. Junto al Colegio de Abogados de Córdoba, construimos una plataforma de IA generativa entrenada con jurisprudencia local. Los resultados preliminares estiman casi 14 horas de tiempo recuperado por set de tareas. En determinados flujos de trabajo, eso puede significar hasta 180 veces más capacidad de procesamiento en el mismo tiempo. Una tecnología que acelera los tiempos en la Justicia de Córdoba, que beneficia tanto a los abogados como a las personas. Ahora hacé el ejercicio: ¿cómo lo exportarías al mundo? ¿Como una cantidad de horas de desarrollo o como una solución para acelerar los tiempos de la Justicia? Esta lógica es la que deberíamos hacer todos los que formamos parte de este sector. Nuestro diferencial no es el costo por horas de desarrollo, es la calidad de nuestras soluciones, que hagan un aporte positivo al mundo. Cuando presento casos como LegalIA en foros de Europa o Estados Unidos, la pregunta que más recibo es “¿Cómo es posible que esto salga de la Argentina?”. La respuesta es que puede salir de acá exactamente porque aprendimos a construir valor donde no hay infraestructura fácil. La restricción, bien administrada, se convierte en diferencial competitivo. Lo que otros llaman desventaja, nosotros lo convertimos en método.

¿Qué está pasando realmente dentro de las empresas argentinas con la IA, más allá del discurso? ¿Cuántas están transformando algo genuino y cuántas están haciendo marketing tecnológico?

El 88 por ciento de las organizaciones ya usa IA en al menos una función, pero el despliegue de agentes de IA sigue en un dígito en casi todas las áreas (Stanford AI Index 2026). Alta adopción, baja madurez. En la Argentina, el Ipsos AI Monitor 2025 muestra que el 44 por ciento está entusiasmado con la IA y el 46 por ciento le teme. Somos uno de los países con mayor ambivalencia del mundo. Esa tensión es exactamente lo que observo dentro de las empresas. Veo tres grupos. 

  • Un grupo pequeño se transformó en serio: invirtió en arquitectura de datos antes de ChatGPT, repensó su modelo de negocio, formó a su gente. Esos son los que sacan ventaja real. 
  • La gran mayoría hace marketing tecnológico: contrata a la consultora más cara, anuncia en LinkedIn que “abrazó la IA” y sigue operando igual. 
  • Y un tercer grupo, el más honesto, reconoce que no sabe por dónde empezar. Con ese la conversación se vuelve real.

La IA no es magia, no es un atajo y no compensa la falta de criterio. Velocidad sin criterio es mediocridad acelerada. Los que transforman de verdad tienen líderes que entienden que adoptar IA sin rediseñar procesos y cultura es como poner un motor de Fórmula 1 en un auto sin dirección: va más rápido al choque. Ese diagnóstico es el mismo en Buenos Aires, Washington o Singapur.

Santex es empresa B, carbononeutral y tiene una fundación de inclusión tecnológica. En un sector donde el éxito se mide en escala y velocidad, ¿ese modelo de empresa es genuinamente viable a largo plazo o requiere resignar algo?

Es al revés, para existir en el futuro necesariamente debes ser una empresa consciente, responsable de su triple impacto. Siendo muy directo, todas las compañías hoy en día deberían incorporar el triple impacto dentro de su modelo core. Las reglas del comercio internacional ya están cambiando. La Unión Europea dejó de pedir papeles y empezó a pedir datos verificables: de dónde viene, cómo se produjo, cuánto emite. Por eso construimos trazabilidad digital para uno de los principales agroexportadores del país: lo que antes era narrativa, hoy es condición de acceso al mercado. En Santex lo medimos: nuestra huella de carbono en 2025 fue de 112,56 tCO₂e, con una reducción del 26,5 por ciento respecto al año anterior. Somos carbononeutrales por compensación, y ahora estamos tramitando una certificación internacional de esta compensación con Nideport. Y somos pioneros como empresa argentina en medir la huella de carbono del código de desarrollo: no solo del edificio o los viajes, eso también lo hacemos, sino del desarrollo tecnológico en sí. Ahora mismo estamos innovando en medir la huella de carbono del código de desarrollo incluso en los proveedores externos que usamos, porque cuando hablamos de nube, parece que es etéreo, pero todo, absolutamente todo, se traduce en huella en la madre tierra.

El talento tecnológico argentino es reconocido globalmente y muy demandado desde afuera. ¿Cómo se retiene en un contexto donde competís contra empresas que pagan en dólares desde el exterior?

Para Santex, la retención del talento no depende únicamente del salario, sino del propósito y el sentido de pertenencia. Aunque competimos con empresas internacionales que pagan en dólares, las personas eligen quedarse porque sienten que su trabajo tiene impacto real. Tenemos un nivel de engagement del 80,4 por ciento, muy por encima del promedio global, y una rotación de apenas 8 por ciento en un sector que supera el 20 por ciento. La estrategia se basa en una inversión constante en formación y crecimiento profesional: en 2025 destinamos más de 9300 horas a capacitación y alcanzamos un 92 por ciento de cobertura en reskilling. Además, desarrollamos herramientas como ImpactScore, una plataforma que brinda feedback en tiempo real y acompaña el desarrollo de carrera de cada colaborador. Más allá de lo económico, Santex apuesta por construir un entorno desafiante, dinámico y con propósito, donde las personas puedan crecer tanto profesional como personalmente.

Hay una distancia enorme entre el discurso de transformación digital en los foros empresariales y lo que pasa adentro de la mayoría de las organizaciones. ¿Dónde está parada la empresa argentina promedio en ese proceso?

Según el índice ILIA 2025, la Argentina atraviesa una etapa de “adopción superficial” de la inteligencia artificial: muchas empresas incorporaron herramientas como ChatGPT y desarrollaron pruebas piloto, pero sin transformar realmente sus procesos, datos ni cultura organizacional. La distancia entre el discurso y la implementación sigue siendo muy grande.

El principal problema no es tecnológico, sino estructural. Las compañías todavía trabajan con datos fragmentados y sistemas desconectados, lo que dificulta aplicar IA de manera eficiente. Además, muchos equipos aprenden por su cuenta, generando fatiga y desorganización, mientras que los líderes delegan en consultoras decisiones estratégicas que deberían asumir internamente. Más que preguntarse qué herramienta adoptar, el verdadero desafío para las empresas argentinas es definir qué quieren transformar de fondo.

Construiste Santex desde cero y hoy opera en 18 países. ¿Qué es lo que más pesa de conducir una organización global desde la Argentina y que pocas veces se pone sobre la mesa?

Liderar una empresa global desde la Argentina implica enfrentar la “soledad de criterio” en un contexto donde la inteligencia artificial cambia los modelos de negocio constantemente. Sin seguir fórmulas de Silicon Valley, las compañías deben construir su propia visión, adaptarse rápido y tomar decisiones en mercados con realidades muy distintas. La experiencia argentina también desarrolla resiliencia: manejar inflación, cambios regulatorios y crisis vuelve más simple operar en otros países. Sin embargo, el desafío humano sigue siendo competir por el mejor talento, que recibe ofertas constantes del exterior. Lejos de ser una limitación, construir desde la Argentina aporta una mirada valiosa en los foros internacionales. La experiencia de haber creado una empresa global desde un contexto complejo se convierte en un diferencial real, basado no en teorías, sino en haber resuelto problemas concretos durante más de 26 años.

¿Tiene la Argentina condiciones reales para convertirse en un hub tecnológico regional o esa conversación es siempre más aspiracional que concreta?

La Argentina tiene el talento, la creatividad y la capacidad de resolver problemas para convertirse en un hub tecnológico regional, pero todavía necesita tomar la decisión de escalar globalmente. El gran desafío pasa por impulsar empresas que exporten soluciones, atraer inversión de largo plazo y construir posicionamiento internacional real, más allá de la visibilidad.

Aunque la región representa una pequeña parte de la inversión mundial en inteligencia artificial, la Argentina mantiene una presencia académica relevante y participa en investigaciones de alto nivel junto a otros líderes regionales. Sin embargo, aún faltan compañías que logren consolidarse globalmente y convertirse en socios estratégicos reconocidos por mercados internacionales.

El desarrollo de este ecosistema no depende únicamente del Estado, sino también de que las empresas argentinas que ya compiten a nivel global compartan sus historias, generen articulación y visibilicen sus casos de éxito para fortalecer el posicionamiento del país en el mundo tecnológico.

¿Cuál es la decisión más importante que la Argentina tiene que tomar en los próximos cinco años para crecer de manera sostenida?

Para crecer de manera sostenida, la Argentina necesita ampliar su propuesta de valor y dejar de competir únicamente por costo. Eso implica invertir en productos y soluciones propias, cuidar el talento como un activo estratégico y transformar la educación para formar personas capaces de resolver problemas, no solo ejecutar tareas.

El país ya cuenta con talento y capacidad, pero falta una decisión colectiva de construir desde la Argentina para el mundo. Según la visión de Santex, si el país apuesta por potenciar el valor que genera, podrá consolidar un crecimiento real y sostenido. La experiencia de la empresa –que nació en Argentina y hoy opera en 18 países– demuestra que competir globalmente desde el país no solo es posible, sino también replicable y urgente.

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